Autor Tema: 20 años de THE JOSHUA TREE  (Leído 366 veces)

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Desconectado Marcelo Quatraro

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20 años de THE JOSHUA TREE
« : agosto 03, 2008, 05:22:02 pm »
A 20 años de un gran trabajo de los U2,
este documento del diario Pagina 12 .

Este es un gran trabajo de influencias bluseras, que ademas dio paso al video posterior del Tour, la película se llamó Rattle & Hum (Ruidos y susurros), y participa entre otros BB King y Bob Dylan
Un pequeño homenaje a un gran trabajo que los que vivimos esas epocas lo recibimos muy bien.

Los temas de aquel disco, que fue editado en agosto de 1988
 1. Where The Streets Have No Name
2. I Still Haven't Found What I'm Looking For
3. With Or Without You
4. Bullet The Blue Sky
5. Running To Stand Still
6. Red Hill Mining Town
7. In God's Country
8. Trip Through Your Wires
9. One Tree Hill
10. Exit
11. Mothers Of The Disappeared


MUSICA > THE JOSHUA TREE POR SUS CREADORES
El árbol y el bosque
Celebrando los veinte años del disco que puso a Bono y sus amigos en la cima, el año pasado salió una edición especial de The Joshua Tree, que incluía un compact con temas extra, un dvd con un show en vivo y filmaciones documentales y un cuidado libro en el que por primera vez todos los responsables del álbum recuerdan la experiencia. Ahora que esa edición especial llegó a las disquerías argentinas, Radar traduce los textos de ese libro (increíblemente reproducidos en inglés, incluso en su edición local), en los que el productor Brian Eno, el fotógrafo Anton Corbijn y los cuatro U2 revelan secretos de la realización del disco.
Por Brian Eno

La década del ’80 no lucía tan bien cuando estaba sucediendo. De hecho, parecía una época ambiciosa y en la que se pensaba muy en pequeño, con todos los ideales de inclusión y altruismo que habían inspirado los ’60 (e incluso los ’70) denigrados por mal enfocados, sentimentales e ingenuos. Tal vez realmente lo fueran, pero lucían ciertamente más atractivos que el egoísmo que caracterizó los años de Thatcher. La verdad es que, hacia comienzos de los ’80, la sociedad británica estaba en uno de los extremos del péndulo, el vaivén que fue del verano del amor a las huelgas mineras. Se sentía como un tiempo inestable y experimental, donde los valores fundamentales esperaban por alguien que los levantase.

La música estaba en una condición de inestabilidad similar. Por un lado, estaba la larga sombra del punk, que prometió una forma revolucionaria de apasionado arte de agitación y propaganda, y por otro, un movimiento hacia una deshumanización autoconsciente, posmoderna, nueva música electrónica políticamente indiferente: The Clash contra Kraftwerk. Un estilo parecía argumentar a favor del compromiso revolucionario individual. El otro, por una gozosa sublimación dentro del inescrutable panal de la modernidad. Y entonces estaba U2: nacidos en la primera opción, pero cada vez más atentos a la segunda. The Unforgettable Fire había sido un disco que nadie –incluyendo los involucrados– realmente había esperado. Su crudeza y pasión podían ser rastreadas hasta el punk, pero también tenía un eclecticismo, una apertura y una generosidad de sentimiento que no era típica de ese estilo. Sonaba, también, bastante electrónico, pero no la electrónica esculpida arquitectónicamente de Kraftwerk, sino más como el sonido de una maquinaria empujada hasta sus límites. Fue ese inimaginado matrimonio el que hizo germinar The Joshua Tree.

Las contribuciones de Daniel Lanois y la mía no fueron las que normalmente la industria musical denomina “producir”. Trabajamos juntos durante algunos años, éramos buenos amigos, y sabíamos bien cómo nuestras competencias se encimaban. Dan tiene una personalidad profundamente musical y una verdadera comprensión de la música y los músicos. Es alguien al que querés tener cerca cuando estás tratando de dar a luz nuevas ideas. Por mi parte, no conozco mucho sobre instrumentos, pero pienso que soy bueno ayudando a empujar el bote hacia nuevas direcciones y haciéndolas sentir como prometedoras. Por eso, Danny y yo nos superponíamos al menos en un aspecto crucial: aunque teníamos diferentes maneras de encontrarlo, poder emocional era lo que estábamos buscando. Y en esto también coincidíamos con el grupo. A ninguno de nosotros nos convencía la sagacidad o la pulcritud, aunque las cortejamos durante un tiempo hasta que el Larryómetro marcaba rojo y corregíamos hasta encontrar un nuevo curso con más sentimiento. Al final, lo que todos estábamos buscando era impacto emocional: la mejor palabra para eso es “alma”. No queríamos seguir visitando lugares donde ya habíamos estado, pero tampoco perdernos en una interesante incursión académica. Para navegar entre las rocas y el acantilado hace falta un talento poco convencional al timón, pero U2 es un grupo de personas lo suficientemente seguras de su propia identidad como para suspenderla ocasionalmente durante ese viaje. Esto requiere confianza en el propio carácter, algo que en la banda nunca ha faltado.

Y entonces estaba Flood: un genio del sonido que conservaba una pila de cajas vacías de Marlboro –todos los cigarrillos que había fumado durante el proyecto– arriba de la consola de la mezcla. Hacia el final, no alcanzábamos a ver por sobre esa pila. Flood trajo una nueva sensibilidad sonora –más dura, sucia, desestresada, más vaporosa, de hecho– a nuestro trabajo. Pero las más brillantes ideas no dan frutos en un suelo de piedra, mientras que las aparentemente pequeñas pueden transformarse en grandes y fuertes cuando la tierra es rica. Sea lo que sea que nosotros tres agregamos, hubiese sido insignificante si el grupo no hubiese tenido la imaginación y la apertura para nutrirlo y transformarlo.

Para The Joshua Tree, U2 se había convertido en una banda realmente unida y telepática. La química entre ellos era única e irrepetible, como en muchas grandes bandas. Si uno estuviera diseñando un grupo desde cero, jamás hubiese alcanzado algo como U2 o los Rolling Stones o The Velvet Underground, porque la combinación de talentos y limitaciones es demasiado extraña. En las mejores bandas, cada fortaleza y limitación deviene una parte esencial de la mezcla. Cada uno hace que los demás suenen mejor de lo que hubiesen sonado solos.

No debería pintar un retrato extremadamente rosa de todo el asunto. Se extendió durante meses. Había largos períodos durante los que me sentía como un hombre al que le habían pedido que ayudase a lanzar una nave espacial, pero se encontraba atrapado en un alerón, girando la misma maldita tuerca día tras día, sin fecha de lanzamiento a la vista. Hubo discusiones, pero no demasiadas, y no de las que dejan rencores, aunque recuerdo a un altamente frustrado Dan un día levantando una silla pesada y lanzándola hacia unos monitores. Y el tan celebrado incidente con “Where The Streets Have No Name” fue realmente así: habíamos estado grabando esa canción durante meses, reemplazando primero un instrumento y luego otro hasta que no había quedado nada de la grabación original. No podía evitar pensar “¿No sería más fácil si empezásemos otra vez?”, pero nadie quería arriesgar lo que teníamos. Así que concebí la idea del “accidente” –una cinta borrada equivocadamente– para que nadie tuviese opción: teníamos que empezar de nuevo. El accidente nunca sucedió, las calles eran seguras.


La verdad de Joshua
Por Anton Corbijn

Sentado en Londres, con el otoño a la vuelta de la esquina, y pensando de como debe lucir un árbol de Joshua en esta época del año. No muy diferente de como lo encontramos en diciembre de 1986, pienso. Y, probablemente, tampoco muy diferente de la primera vez que vi ese árbol, en compañía nada menos que de Captain Beefheart, en septiembre de 1980.

Después de muchos años como un sólido sobreviviente, este árbol no tiene edad. Podemos celebrar algo que posiblemente tampoco la tenga, porque estamos celebrando el aniversario número 20 de un disco con un título que por entonces pensamos que era el menos comercial de todos: The Joshua Tree.

Se supone que debería decir algo sobre la sesión de fotos de U2 con el árbol, y de U2 sin el árbol, ya que la foto de tapa del disco no tiene ningún árbol a la vista pero se ha convertido en la imagen más seria de las fotografías de rock/árboles/desierto en décadas. Desde ese día de 1980 en que pasé con el Captain, siempre amé los árboles de Joshua. Así que cuando con U2 nos fuimos a pasar un tiempo en el desierto que rodea California buscando locaciones para el disco, provisoriamente titulado Las dos Américas o Canciones del desierto, una tarde me llevé aparte a Bono en un bar de ruta y le conté sobre este árbol y cómo (con Steve Averill) lo podíamos usar... gráficamente, tal vez. Meditó sobre ese asunto durante la noche y, al día siguiente, se subió al micro Biblia en mano, y declaró al disco bautizado The Joshua Tree.

Por supuesto, entonces teníamos que encontrar un árbol de Joshua, que siempre crece en grupos, pero tenía que estar solo, para que se lo pudiese fotografiar mejor. Estábamos benditos, y lo encontramos apenas unas horas después e hicimos nuestras fotos ahí. No he visto ni un solo árbol de Joshua desde entonces y estoy seguro de que aquel árbol en particular ya debe haber sido cortado, ya sea por fanáticos de U2 como por Bono con sus propias manos, ya que se fue cansando, con el paso de los años, de la seriedad de aquella foto. Yo, al menos, nunca lo talé, sólo lo encuadré.

Lucianito

  • Visitante
20 años de THE JOSHUA TREE
« Respuesta #1 : agosto 03, 2008, 09:35:13 pm »
Sin dudas el mejor disco de U2. Ojala su proximo disco sea mas parecido a esto, y no siguiendo la lineas de sus ultimos dos albumes.